La cara oculta de la “Luna artista”
Artista: “Persona que se expresa a sí misma a través de un medio”.
Quizá seas de esas personas que, como yo, cuando le preguntan qué has querido ser toda tu vida, respondes: artista, pintor/a, escultor/a… y, casi como un acto reflejo, ves esa mueca en la cara del otro que se traduce así: “se va a morir de hambre”.
Y ahora pensarás que te voy a dar una palmadita en la espalda y decirte que no hagas caso, que tú puedes ser lo que quieras y que con esfuerzo todo se consigue…
Pues no.
Y sí. Te cuento.
La realidad —y te hablo desde mi experiencia— es que el esfuerzo no garantiza vivir del arte. Hay demasiadas variables en juego: dónde estás, cómo te mueves, tu estilo, los contactos, el momento adecuado, la visibilidad, la constancia…
Y, aun así, la piedra más grande en el camino eres tú.
Tu autosabotaje.
A mi entender, hay dos tipos de artistas.
Por un lado, los que lo viven como hobby. Ojo, eso no significa que no amen el arte. Crean de vez en cuando, disfrutan el proceso, pero entre obra y obra hay pausas largas. No están constantemente pensando en lo siguiente, ni analizando el mundo en clave artística.
Y luego están los artistas vocacionales. Los que no crean solo porque les gusta, sino porque lo necesitan. Porque hay algo dentro que pide salir. Porque ven el mundo en proporciones, en líneas, en colores, en formas. Porque no pueden evitar imaginar la siguiente obra incluso antes de terminar la actual.
Sí, me he puesto intensa.
Y sí, soy del segundo grupo.
Pero hay algo que une a ambos.
La frustración.
A veces porque no consigues plasmar lo que tienes en la cabeza.
Otras, porque el reconocimiento no llega.
Y muchas, porque no sientes el apoyo de tu entorno.
Y aquí viene una de las claves más importantes: el entorno.
Cuando empiezas, lo normal es que no estés contento/a con lo que haces. De hecho, si lo estás todo el tiempo… tenemos un problema 😂
Y claro, esperas que tu familia y tus amigos te digan que es maravilloso.
¿Puede pasar? Sí.
¿Es lo que más te ayuda? No.
Lo que realmente suma es que te digan la verdad. Con respeto, pero sin edulcorar. Porque eso te hace crecer. Te mantiene con los pies en la tierra. Y te prepara para algo clave: saber defender tu trabajo con criterio.
Saber quién eres como artista.
Saber qué aportas.
Y saber también dónde están tus límites.
Esto, en realidad, no es solo cosa de artistas. Todos tenemos nuestra “cara oculta de la luna”: querer reconocimiento, sentirnos drenados, buscar un lugar donde encajar… y, sobre todo, necesitar que alguien nos escuche.
Que alguien nos diga:
“Vale, ha sido un día —o una obra— de mierda.
Pero lo harás mejor la próxima vez.
Ahora mismo, ¿qué necesitas?”
Así que no, la vida del artista no es fácil. Tiene luces y sombras.
Y tú decides qué hacer con ellas: disfrutar de las luces cuando aparecen o dejar que te cieguen… y cuando llegan las sombras, buscar una linterna.
Y si no la tienes, ojalá tengas a alguien que encienda la “Bat señal”.
Yo la tengo.
A lo largo del camino, mucha gente se ha quedado atrás. Es ley de vida. Pero todos, en mayor o menor medida, me han apoyado. Y especialmente mi familia: ese pilar que no me endulza los oídos y me mantiene con los pies en la tierra.
Ellos son mi Bat señal.
Conclusión:
Tanto si eres artista del grupo 1 como del 2, sigue creando.
Invierte tiempo, esfuerzo y ganas.
Porque el arte, al final, es medicina para el alma.
Y cuando llegan las luces —porque llegan— todo lo demás pesa menos.
Y esa sensación… no se puede explicar.
Atentamente,
Laura.
Artista, amiga, familia… y fan de Batman.
¿Te apetece contarme tu historia? Te leo en los comentarios.

