El origen de mi alacena.

Creo que lo primero es que me presente: ¡HOLA! Soy Laura, la persona detrás de Alacena creativa. 

He pasado gran parte de mi vida profesional dedicada a la ilustración, incluso he llegado a dirigir mi propia editorial, y te estarás preguntando: ¿en qué momento dejó ese mundo para meterse de lleno en el modelado, la escultura y la decoración? Me alegra que me hagas esa pregunta, y la respuesta es ¡LA PANDEMIA! (Seguro que lo estás leyendo con voz alta de ultratumba), crisis existencial, barbecho creativo y catarsis artística. Resumiendo, en aquel “break” que sufrimos todos, cada uno de nosotros/as tuvo mucho tiempo para pensar, mucho, mucho, mucho… pero te hablaré de mi caso en particular.

Por circunstancias de la vida, sobre todo la vida artística, no siempre puedes dedicarte a tu vocación y hay que hacer otras cosas. Yo me pasé toda la cuarentena trabajando de limpiadora en una residencia 12 horas al día con el EPI puesto (EPI: Equipos de Protección Individual); como supondrás, mis ganas de dibujar eran cero pelotero, y así pasé todos esos largos meses hasta que terminó mi contrato.

Al terminar pensé, bueno, pues vamos a retomar las acuarelas e intentarlo de nuevo, ¿por qué no? ¿POR QUÉ NO? (cambia la entonación), pues porque después de toda una vida pintando (*Nota: de pequeña me llevaba las acuarelas a la playa para pintar piedras y pasaba de hacer castillo), era incapaz de crear absolutamente nada; mentira, sí me creaba algo: ansiedad; había perdido totalmente el interés por la ilustración.

Esto desembocó en un sentimiento de frustración tremendo. ¿Cómo era posible? Ya había pasado por etapas de falta de motivación como todos los artistas, pero esto era diferente, este sentimiento… era diferente, no era falta de motivación. Me di cuenta de que durante toda mi vida me había autoconvencido de que ese era “mi camino”, y luché mucho por él, pero la realidad es que nunca terminé de encajar: —Nos gusta tu estilo, pero no encaja con nuestra línea. Ese ha sido el latiguillo que me ha perseguido casi siempre cuando veían mi portafolio, y ¿sabes qué?, que tenían razón, porque haciendo retrospectiva, caí en la cuenta de que yo tampoco me vi encajando en ninguna línea editorial; en toda mi vida (y soy del 79, haz cálculos, jujujuju), no recuerdo haber terminado una ilustración y decir: «Estoy contenta con este trabajo», y créeme cuando te digo que el mayor favor que puedes hacerte, es aceptar tus límites en cualquier faceta, y yo un día lo hice. Seguramente hubo más factores que me llevaron a ese punto, pero tampoco me molesté en encontrarlos; la verdad es que fue como soltar una pesada carga y un alivio.

Sin embargo, eso no quitó que mi vocación creativa necesitaba una vía de escape y aquí llega lo interesante. Un tiempo después de la gran desconexión artística, me encontré un par de pastillas de plastilina en mi estudio, y casualmente llevaba tiempo viendo videos de artistas que se dedicaban a hacer figuras decorativas y pensé: «Voy a ver qué hago con esto que tengo en las manos», y vaya que sí hice. Empecé, y no he parado todavía; los primeros intentos fueron catastróficos, pero sentía que esa chispita de motivación empezaba a resurgir.

Una cosa que nos pasa a la gente creativa es que, cuando encontramos un camino que nos motiva, vamos a por él cuesta abajo y sin frenos; de vez en cuando el trompazo es épico, pero oye, una tirita y palante. Estuve como un año probando materiales, observando a diferentes artistas y practicando, así hasta que en 2022 me lancé a hacerlo de manera profesional, pero necesitaba presentar mi nueva etapa y quería que transmitiera un poco lo que yo sentía al crear mis figuras: artesanía, emoción, hogar, recuerdos, naturaleza.

Necesitaba que fuera un rincón acogedor y que la gente, al entrar, pensara: de entre todas esas figuras, escojo esa que me transmite paz y alegría o nostalgia; me acompaña. Y entonces me vino a la memoria una estancia que me recordaba todo eso, la alacena de mi abuela, un cuartito pequeño y lleno de objetos antiguos, cazuelas, agujas de tejer, una radio, etc., y que me encantaba husmear porque sentía el pasado de mis abuelos en aquellos objetos. Y así nació mi Alacena creativa; había encontrado algo que no me aportó nunca la ilustración, mi propia forma de transmitir emociones a través de mis creaciones, un rincón donde guardar todos los tarritos llenos de experiencia que he ido recopilando a través de los años y que intento reflejar en cada una de mis obras.  

Así que, a modo de bienvenida y de consejo te diré que en ocasiones encontramos nuestro camino después de dejar el que habíamos transitado durante mucho tiempo, creyendo que era el correcto. Espero que si te has perdido encuentres el tuyo. Y recuerda:

 «La mente es como un paracaídas, sólo funciona si se abre.»
Albert Einstein

Deja una respuesta